Por monseñor Martín Fassi (*)

Cuando decimos que una persona hace las cosas de una manera genial fantástica y le sale muy bien, lo felicitamos y le decimos “¡Sos un maestro!”. A Jesús le decían lo mismo pero con otras palabras; el Evangelio nos dice que cuando Jesús enseñaba la gente lo escuchaba con mucha atención porque hablaba como quien tiene autoridad.

La autoridad de la enseñanza de Jesús, del Maestro de los maestros, venía sobre todo por el vínculo que generaba con las personas por quienes Él era escuchado; Jesús generaba un vínculo con las personas de tal manera, que despertaba en ellas lo mejor de ellas mismas.

Él sabía que en cada ser humano hay como una luz interior, como una llamita que puede crecer, que necesita crecer, que necesita expandirse y que esa llama expandida hace crecer y elevar a la persona.

Jesús acudía a esa luz, puesta ahí por Dios en cada ser humano, para que esa luz pudiera crecer; esa es la tarea, la gran y hermosa tarea del maestro y de la maestra: poder captar esa luz originalísima que cada ser humano tiene y hacerla crecer y hacerla expandir; cuidar para que esa luz no se apague, cuidar para que esa luz no sea lastimada, y si es lastimada poder sanarla. Ese era el vínculo que Jesús hacía con la gente, por eso el maestro Jesús era tan bien escuchado.

Lo importante entonces es ese vínculo que se puede generar a través de la enseñanza, porque enseñar es una de las obras de misericordia, una obra preciosa de misericordia: enseñar al que no sabe y necesita saber; saber de la vida, saber de sí mismo para poder crecer y para poder vivir plenamente.

Pero hubo un gesto muy grande de Jesús; un gesto precioso por el cual generó un vínculo que sorprendió a sus amigos; Jesús se puso un día de rodillas frente a sus discípulos y les lavó los pies y después de lavarles los pies les dijo: “Ustedes me llaman maestro y señor, y lo soy, tienes razón; si yo que soy maestro y señor les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros; practicando esto serán felices.

Lavarse los pies los unos a los otros; enseñarse los unos a los otros, escucharse los unos a los otros, es el mejor modo de aprender y de enseñar la vida.

Querido maestro querida maestra: no es fácil ser maestro, hay muchos problemas; hay problemas laborales; hay problemas de justicia. Hay muchos problemas que están en torno al ambiente de la enseñanza y de la docencia; pero no dejes que esos problemas, que son reales y que hay que encararlos, apaguen tu propia llama que es la vocación de enseñar.

Feliz Día Maestro, feliz Día Maestra.

 

(*) Obispo auxiliar de la Diócesis de San Isidro.

 

Link al mensaje en video: https://www.youtube.com/watch?v=jCv08R6vhRE

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